Bibliotecas públicas y COVID-19. Bibliotecologías críticas para después de la pandemia

1. Al borde del colapso

La pandemia del coronavirus nos deja a las puertas de una crisis económica y social de consecuencias impredecibles[1]. Las famosas brechas social, cultural, económica y digital van camino de incrementarse. Podemos seguir ficcionando con una vuelta a la normalidad, pero para mucha gente esa nueva normalidad no se reducirá a tener que calzarse una mascarilla y mantener una distancia física en sus relaciones sociales. En muchos barrios de nuestras ciudades hay, y habrá, miles de familias cayendo por el precipicio. Porque la exposición al abismo no viene de ahora, sino del propio sistema político y económico que ha generado una sociedad precarizada para acomodarla a los intereses del capital. Las paredes suelen ser sabias, y estos días se han  podido ver frases que escupían: “No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema”, “Salvaguardan nuestros cuerpos para mantener sus máquinas de producción” o “Covid-19 es la patologización de la crisis capitalista”.

La crisis sanitaria ha desbordado a las Administraciones públicas, más decididas en salvar la economía que a las personas[2]. El pánico inducido al hundimiento de la economía nos distrae de reconocer el sistema que habitamos, una estructura jerárquica de explotación de las personas más vulnerables, una configuración piramidal de vasallajes donde los esfuerzos se centran en mantener los privilegios, por muy menguados que sean, y alejarse lo más posible del hoyo. La economía no está al servicio de las personas, sino de los beneficios de las empresas[3]. Y esa realidad, que nos entristece y subleva al mismo tiempo, nos debería sacudir para pensar qué función tienen las bibliotecas públicas en este tinglado social que solo beneficia a unos pocos.

En breve veremos fuegos de artificio para anunciar el rescate social, y a las administraciones enarbolando la bandera gatopardista de la reconstrucción: planes, programas, proyectos, estrategias, líneas de inversión, inyecciones de capital, presupuestos para la reparación,… la doctrina del shock para hacer de la crisis una oportunidad de negocio. Pero es probable que, de tanto mirar luces de colores inundando el cielo, no seamos capaces de ver nuestros propios pies hundidos en el fango. Ni tampoco las desigualdades, la frustración, la desesperación, y el aumento de la conflictividad, que en democracia se gestionan con políticas punitivas y represivas[4], y que suelen ser caldo de cultivo para el fascismo.

2. Bibliotecologías críticas para después del COVID-19

La situación de emergencia sanitaria, inesperada y compleja, también ha quebrado la dinámica de autocomplacencia que el colectivo bibliotecario ha exhibido en los últimos tiempos. Y aunque sigue habiendo cierta satisfacción generalizada por la reacción de las bibliotecas públicas ante la pandemia, hay numerosas voces alentando a la necesidad de redefinir la estrategia de la biblioteca pública ante lo que se nos viene encima. No solamente se trata de ver de qué manera se empiezan a restablecer los servicios bibliotecarios de forma segura para los equipos de trabajo y la comunidad de usuarias y usuarios, también es necesario replantear, de forma integral, qué papel queremos que juegue la biblioteca pública en medio de esta situación: ¿queremos sobrevivir manteniendo nuestra cómoda posición en el mercadeo de la información y el conocimiento, o nos atrevemos a ir más allá y apostamos por una biblioteca que impulse la transformación social? Ha llegado el momento de posicionarse.

Si se quiere poner en valor la posición estratégica de la biblioteca pública y su compromiso con  la comunidad en la que se inserta:

  • promoviendo una biblioteca orientada a las necesidades de las personas, reforzando su proximidad y sus vínculos desde la lógica de los cuidados y el apoyo mutuo;
  • impulsando los procesos de participación, el conocimiento abierto y los saberes compartidos a partir de la reflexión y el debate;
  • ejerciendo su papel clave en los ejes informacional, cultural, educativo, social y económico;
  • y activándose contra las desigualdades incorporando un espíritu de transformación, cooperación y colaboración con el territorio;

la biblioteca pública debe apostar por fomentar el papel activo de las personas que integran la comunidad para que desarrollen acciones innovadoras en política, generar procesos dinámicos y enriquecedores de autogestión destinados a detectar, consensuar y poner en marcha las posibles soluciones en los procesos vitales del vecindario.

Evidentemente, la biblioteca pública por sí sola no va a cambiar la vida de las personas, pero puede ayudar en algunos aspectos clave. Para ello la biblioteca debe colaborar en la búsqueda y activación de procesos de formación y desarrollo de una vecindad organizada, que substituya el papel pasivo de la población como votante, contribuyente y receptora de los servicios públicos que subministra el Estado[5], avanzando hacia modelos más sostenibles para la vida. Para ello es necesario un honesto trabajo en red con los diferentes agentes del territorio, lejos de protagonismos y competitividades estériles.

Este cambio de paradigma de la biblioteca pública difícilmente vendrá dado por la propia Administración, tan poco dada a perder el control sobre el poder de decisión y la gestión de los recursos. Posiblemente tampoco sean los cargos directivos de las redes bibliotecarias, atrapados muchas veces en las correas de transmisión de las decisiones políticas. Si se da, será por la concienciación y compromiso social de los equipos que trabajan en las bibliotecas, que pisan el territorio en el que se vuelcan las acciones bibliotecarias, que tienen la sensibilidad de detectar las necesidades de las personas usuarias y se esfuerzan para intentar resolverlas.

Por esta razón es necesaria una bibliotecología crítica y activista que no solamente sea capaz de detectar los mecanismos por los que se excluye a la población de los espacios de poder donde se toman las decisiones que les afectan, sino que se oriente en reequilibrar esas relaciones de poder, y ayudar a que la comunidad pueda organizarse, crear procesos de cambio y recuperar la soberanía del devenir de sus vidas[6].

3. Propuestas para después de la Covid-19

La planificación estratégica de las bibliotecas públicas tras el primer embate de la Covid-19 será clave para poder aportar, mediante una bibliotecología crítica, un valor transformador en el territorio. Esta replanificación, se basará en la experiencia durante la pandemia, la consulta a la comunidad y los vínculos con el territorio:

  1. Preparar planes de contingencia, con previsión de diferentes escenarios futuros, y parámetros para la reducción del impacto sobre la comunidad.
  2. Evitar las soluciones estandarizadas que no tengan en cuenta las particularidades locales, de la comunidad y el territorio.
  3. Promover una transición a respuestas transformadoras permanentes, con una planificación de objetivos a medio y largo plazo, evitando las soluciones puntuales y efímeras[7].

Este proceso de planificación estratégica debe ser compartido y consensuado por todo el equipo de la biblioteca. Debe ser lo suficientemente plural para incluir las diferentes sensibilidades del equipo, y para que cada cual pueda sentirse protagonista y aportar sus conocimientos y habilidades.

Principalmente hay que valorar dos tipos de planificación estratégica: la planificación de contingencia, y la planificación permanente.

– Planificación de contingencia

Táctica a corto plazo. Destinada a dar respuesta urgente a las necesidades en el escenario post-pandemia. También debe contemplar una acción preventiva ante posibles situaciones de rebrote del virus que puedan plantear escenarios de emergencia. Las bibliotecas deben intentar resolver las carencias que se han detectado en la pandemia de la Covid-19, sobre todo en lo relacionado al acompañamiento de las personas más vulnerables (soledad no deseada, inaccesibilidad a la conexión digital, carencia de productos básicos, carencia de productos educativos y culturales,…).

a) Detecta a la población en situación vulnerable:

El objetivo es obtener información anónima para poder hacer una radiografía de las carencias relativas al acceso a la información, a la conectividad (conexión, habilidades, equipos), a productos culturales (libros, revistas,…),… y poder hacer una planificación que dé respuesta a las necesidades reales. Evita recopilar información personal, económica o administrativa.

  • Haz una encuesta a lxs usuarixs, o charla directamente con ellxs.
  • Entrevístate con las redes de apoyo mutuo.
  • Entrevístate con las escuelas.
  • Entrevístate con el centro de salud.
  • Entrevístate con los servicios sociales.
  • Sal a la calle, habla con el vecindario.
  • Prepara difusión con los distintos canales de comunicación de la biblioteca (teléfono fijo/móvil, correo electrónico, redes sociales…), y con sus canales de difusión (web, redes sociales).

b) Detecta las necesidades de la comunidad:

  • Extrae y analiza la información sensible de las encuestas, entrevistas o charlas informales: gente sin acceso a internet, sin equipos o habilidades; gente mayor o sola o con diversidad funcional; necesidades de productos informativos, educativos, culturales; necesidades de espacios físicos (teniendo en cuenta las posibles restricciones sanitarias),…
  • Distribúyela en ámbitos de actuación (información, educativo, social, económico), y relaciónala con los servicios que ofrece, o que podría ofrecer, la biblioteca.
  • Piensa en las posibles alianzas con otros equipamientos o agentes del territorio.
  • Calcula los recursos disponibles: propios, compartidos o ajenos. Piensa en cómo obtener recursos extraordinarios.

c) Confecciona el plan de contingencia

  • Plantea una propuesta de servicios que incluya tanto aquellos que consideráis básicos, teniendo en cuenta cómo les afectaría y cómo se podrían transformar en caso de reconfinamiento; como aquellos servicios considerados extraordinarios, destinados a poner en marcha en un estado de emergencia.
  • Consensuad la propuesta entre el equipo de la biblioteca, así como la distribución de tareas y responsabilizaos de las diferentes acciones a desarrollar.
  • Comparte esta planificación con el vecindario, con los agentes y equipamientos del territorio. La planificación debe tener suficiente flexibilidad como para modificarse, añadiendo o cambiando acciones, a propuesta de la comunidad.
  • Pon especial atención a:

-Préstamo: físico (en el edificio de la biblioteca / a domicilio), digital (accesibilidad). Contempla la posibilidad del préstamo de materiales que no son propiamente documentos como los dispositivos electrónicos o los juegos de mesa. Plantéate la posibilidad de impulsar una biblioteca de las cosas.

-La Biblio Responde: canales de comunicación (teléfono, mensajería telefónica, correo electrónico, redes sociales, aplicaciones de videollamada) destinados a proporcionar información de la biblioteca, información sobre recursos y servicios en el territorio, difusión selectiva de la información, fuentes de información fiables.

-Accesibilidad digital: conexión y dispositivos, habilidades digitales, gestión crítica de la información.

-Actividades: presenciales y virtuales (sean digitales o analógicas).

-Gestión de espacios dentro/fuera de la biblioteca, teniendo en cuenta la modulación de las restricciones que existan, tanto en el desconfinamiento como en un posible reconfinamiento.

-Disponibilidad del personal: las situaciones personales y familiares son cambiantes e impredecibles en muchas ocasiones; por otro lado, puede haber cierta previsión de la disponibilidad y voluntariedad del equipo de la biblioteca ante un rebrote de la pandemia para mantener unos servicios mínimos. En ocasiones se pueden aprovechar las redes de apoyo mutuo que existan o puedan surgir, otros servicios que continúen activos, o crearlos ‘ex proceso’. En cualquier caso hay que prever la disponibilidad de equipos de protección individual.

Planificación permanente

Estrategia a medio y largo plazo. Permanente no significa invariable, sino constante y comprometida con el planteamiento de objetivos claros y compartidos con el vecindario y el resto de agentes de la comunidad. El vínculo con la comunidad y con el resto de equipamientos y servicios serán claves para afrontar el escenario post-pandemia, sus secuelas y la más que previsible crisis social. La biblioteca debe reforzar la comunicación y colaboración con el territorio para impulsar, fomentar o participar en proyectos emancipadores y transformadores, iniciativas comunitarias, horizontales y autogestionadas protagonizadas por las personas a las que se dirijan, orientadas a combatir las desigualdades y la exclusión.

a) Plan comunitario

Participación, Coordinación y Cooperación. Impulsa, o colabora si la hay, una mesa de diálogo en la que participe el vecindario y el resto de equipamientos y servicios públicos del territorio[8]. En ella se pueden tratar:

  • Las necesidades de las personas que habitan la comunidad, independientemente de su situación administrativa; y cómo se pueden resolver, involucrando a las personas para que sean parte del proceso, horizontal y autogestionado.
  • Los recursos de los que dispone la comunidad para resolver esas necesidades, incluyendo a los equipamientos públicos. Y en el caso de no disponer de esos recursos, dónde conseguirlos y quién los puede subministrar.
  • Plan de prioridades de las necesidades como barrio/territorio/comunidad.
  • La inclusión en los proyectos de los diferentes equipamientos públicos de la acción mancomunada con el vecindario, promoviendo su participación en el diseño y/o planificación de los proyectos, para ajustarlos a la realidad, necesidades de la comunidad, y con la idea de compartir recursos y saberes.
  • Detección de los públicos comunes que comparten los equipamientos con el objetivo de coordinarse y no duplicar esfuerzos y recursos.

b) Plan relacional

Conexión, Vínculo. Impulsa, o colabora si la hay, una red de relaciones formales e informales entre el vecindario y los equipamientos. Si la mesa de diálogo se integra de las personas más proactivas en participación, esta red se orienta a generar vínculo con los habitantes del territorio y/o usuarios de los equipamientos y servicios. Piensa en la importancia del acceso a redes digitales, sin olvidar los espacios de relación presencial.

  • Imagina y diseña, colaborativamente, una difusión pensada para cualquier persona que llegue nueva al barrio, que le sirva para conocer los diferentes servicios, equipamientos y entidades, y le permita vincularse rápidamente a ellos según sus necesidades e intereses. Este acto de bienvenida debería poder realizarlo cualquier equipamiento o entidad, pero la biblioteca es un lugar ideal para hacerlo con calma.
  • Piensa en cómo garantizar la conexión gratuita en el 100% del territorio, a un máximo % de la población[9]. Paralelamente diseña un plan de alfabetización digital que se acomode a las diferentes necesidades de la comunidad. Este plan debería incluir un plan formativo entorno al manejo crítico de la información. También se pueden impulsar talleres de autoreparación informática[10] y/o un banco de dispositivos informáticos.
  • Diseña un plan de vinculación del vecindario con la biblioteca. La biblioteca es un buen espacio para generar espacios de intercambio de experiencias y saberes, mediante actividades como los clubs de lectura, las bibliotecas humanas, charlas y debates. Ten presente que este plan no se puede orientar únicamente hacia el interior de la biblioteca, y que esta tiene que salir a la calle y mezclarse con el vecindario, sea mediante actividades en el exterior, participación y asistencia en otras actividades organizadas en el territorio, o simples paseos a la deriva.

c) Plan documental

Formatos, Creación, Difusión. Reflexiona sobre la política de colección de la biblioteca. Como se ha visto, el formato digital puede llegar a ser igual de importante que el formato físico. Estará interrelacionado con otras acciones incluidas en el Plan de Contingencia. También con el Plan relacional y la alfabetización digital, así como con la generación del vínculo con el vecindario.

  • Planifica cómo dar acceso al fondo de la biblioteca, según sus diferentes formatos, y en un abanico de circunstancias diferentes (confinamiento, restricciones de circulación, cierre del edificio de la biblioteca). Incluye la alfabetización digital y el uso de dispositivos electrónicos.
  • Planifica cómo difundir el fondo de la biblioteca. Estudia diferentes maneras de motivar el préstamo, y las posibilidades que brindan las redes sociales: recomendaciones en vídeo, lectura de fragmentos,… Vincúlalo a las actividades, y a actividades organizadas con otros equipamientos y colectivos para llegar a un público que normalmente no acude a la biblioteca.
  • Reflexiona sobre la necesidad de que la biblioteca genere contenidos, o dé acceso a documentos creative commons o libres de derechos de explotación, contenidos difíciles de encontrar o descatalogados. Plantéate si la biblioteca debe autoeditar textos en formato digital o destinados a la impresión[11].
  • Reflexiona sobre los recursos materiales de que dispone la biblioteca (ordenadores portátiles y tabletas, impresoras, impresoras 3d, fotocopiadoras,…), y de qué manera, en cada caso, pueden estar disponibles para la comunidad: por préstamo, en modo prepago para uso privado, o de forma gratuita para uso comunitario. Ten en cuenta las situaciones excepcionales de emergencia para poder dar un uso urgente a la comunidad.

d) Plan informativo y comunicativo

Consumo de información, Medios de comunicación. Reflexiona sobre cómo, y a través de qué medios, la comunidad consume la información general o relativa a su territorio. Si la creación de noticias falsas e interesadas es difícil de evitar, sí se puede fomentar el consumo crítico de información. Promueve la información local y el periodismo ciudadano.

  • Combate las fake news mediante talleres de consumo crítico de la información y los medios de comunicación. Desmonta estereotipos y prejuicios mediante talleres, charlas o actividades como las bibliotecas humanas[12]. Si te cuesta atraer a lxs vecinxs a la biblioteca planea actividades de debate en el espacio público.
  • Fomenta e impulsa el periodismo ciudadano y la autoedición: radios libres[13] [14], televisiones comunitarias[15], revistas y fanzines. Si ya existen, haz que la biblioteca colabore aportando contenidos de todas las actividades culturales, exposiciones, debates, charlas… que organice. Si no existen, proporciona formación y participa en la creación de medios de comunicación local.
  • Promueve la biblioteca como un espacio, físico y virtual, donde compartir saberes, relatar experiencias y estimular la creatividad. Recupera la memoria local como herencia de lucha, e hilo conductor para conocer el pasado, entender el presente y orientar el futuro.

e) Plan educativo y cultural

Educación formal e informal, Lectura, Programación cultural. Teje un vínculo estrecho con todos los centros educativos del territorio. Colabora con la comunidad educativa para que la biblioteca realice una función real de apoyo a los procesos educativos.

  • Redacta de forma colaborativa con el resto de equipamientos el plan lector para la comunidad.
  • Redacta tu plan de apoyo a la educación formal en todas las edades: guarderías, escuelas, institutos, escuelas de educación especial, escuelas de personas adultas. Colabora con los centros para realizar actividades que se complementen con sus objetivos.
  • Planea de manera participativa tu programación cultural y en especial la relativa a la educación informal, de acuerdo a las necesidades del territorio.

f) Plan económico

Economía, Empleo. Cuestiona el modelo económico hegemónico. Reflexiona sobre cómo este incide en la comunidad y qué puede hacer la biblioteca al respecto. La biblioteca puede ejercer de agente económico en el territorio.

  • Apoya y promueve la economía local, social y cooperativa. Intenta que los diferentes presupuestos, gastos y contrataciones de la biblioteca reviertan en la economía local, y a poder ser social y cooperativa. Realiza talleres formativos sobre economía social y fomenta la creación de cooperativas en la comunidad[16].
  • Imparte formación y apoyo en la búsqueda activa de empleo. Impulsa y propón la contratación regular y/o temporal, y si es conveniente de forma rotativa, de personas del territorio en los equipamientos públicos, o cuadrillas de obras públicas, jardinería, limpieza o mantenimiento mediante procesos transparentes y justos.
  • Fomenta la creación de grupos autogestionados de autodefensa laboral. La biblioteca puede simplemente ceder el espacio y proporcionar apoyo logístico, o implicarse buscando personas que puedan proporcionar formación legal.
  • Fomenta un consumo responsable, crítico y ecológico mediante talleres, charlas, debates. Haz que la propia biblioteca sea un ejemplo mediante el reciclaje, medidas de ahorro energético o la instalación de paneles solares.

g) Plan social

Cuidados, Salud, Solidaridad, Apoyo mutuo. Reflexiona sobre el papel de la biblioteca en los asuntos sociales de la comunidad. Evita desarrollar prácticas asistencialistas y promueve la formación y la implicación de las personas en procesos colaborativos y autogestionados para resolver sus propios problemas.

  • Crea un servicio de apoyo y/o acompañamiento a peticiones de prestaciones, ayudas, subvenciones y/o trámites administrativos. Haz talleres formativos sobre trámites y gestiones administrativas recurrentes.
  • Fomenta la creación de grupos autogestionados de apoyo para personas migrantes, mediante formación legal, acompañamiento de procesos de regularización de situaciones administrativas, y el fomento del vínculo de lxs recién llegadxs con la comunidad. La biblioteca puede simplemente ceder el espacio y proporcionar apoyo logístico, o implicarse buscando personas que puedan proporcionar formación legal.
  • Fomenta la creación de grupos autogestionados de apoyo a los problemas de vivienda[17]. Como en el caso anterior, la implicación de la biblioteca puede variar según las necesidades.
  • Fomenta la creación de redes de intercambio de servicios, bancos del tiempo[18] o la biblioteca de las cosas[19].
  • Apoya el acompañamiento y la asistencia domiciliaria a personas mayores, solas o con diversidad funcional. Colabora con el resto de equipamientos de la comunidad para hacer confluir los servicios que puede brindar la biblioteca (préstamos y/o lectura a domicilio) con los del resto de servicios (compras, gestiones,…).
  • Fomenta los GAMs (Grupos de Ayuda Mutua) en salud mental, drogodependencias y adicciones.
  • Colabora con el centro sanitario de asistencia primaria, las guarderías la escuela y las asociaciones de familias para crear una Escuela de familias para unidades familiares jóvenes o con problemas, e intentar crear dinámicas positivas que protejan a la  infancia.

Si habéis llegado hasta aquí os habréis dado cuenta que las propuestas que se han hecho ni son novedosas ni innovadoras, muchas de ellas se llevan a cabo en gran parte de las bibliotecas públicas, y otras ya se están desarrollando por entidades comunitarias. ¿Qué es lo que las hace diferentes? Quizás, el prisma desde el que se plantean: la biblioteca las adopta de forma consciente asociándolas a los objetivos que se marca. Esos objetivos no son circunstanciales ni azarosos, sino que provienen de la reflexión, la vinculación y la participación de la comunidad. Evidentemente es muy difícil que una biblioteca pueda desarrollar ni siquiera buena parte de ellos, pero los que se pongan en marcha deben reunir los siguientes aspectos:

  • La biblioteca define claramente sus objetivos, se desprende de su supuesta neutralidad y se posiciona como un sujeto político, adoptando un espíritu transformador y orientándose hacia la justicia social, desarrollando un papel clave en los ejes informacional, cultural, educativo, social y económico.
  • La biblioteca pone las necesidades de la comunidad en el centro de su actividad, incorpora la lógica de los cuidados y el apoyo mutuo; para ello, se plantea una planificación permanente para su funcionamiento normal, y una planificación de contingencia, para casos de emergencia.
  • La biblioteca desarrolla en vínculo con la comunidad, busca la participación del vecindario en su diseño y gestión, y promueve la coordinación y la solidaridad con el resto de equipamientos del territorio.

Anexo. Apuntes sobre bibliotecologías críticas

El control sobre la información se ha asociado históricamente al poder y a las clases dominantes, siendo uno de los orígenes de las desigualdades sociales. El relato del conocimiento ha sido escrito por quién ha tenido los medios sociales, económicos y culturales para hacerlo, siempre dentro de la Academia y sin salir de los discursos homogeneizadores y legitimados por el poder. En una progresiva complejización de la sociedad y ante la actual avalancha de información, es cada vez más necesario el desarrollo de habilidades para la búsqueda y selección de información veraz y pertinente. Pero también la necesidad de conservación de los saberes populares, entendidos como la acumulación de tácticas para la supervivencia o la mejora de las condiciones de vida.

Como describe Edgardo Civallero “La bibliotecología ha sido partícipe (in)consciente de tales procesos de exclusión, desde su posición de gestora de la memoria colectiva de la humanidad” y urge a “una redefinición del modelo de sociedad de la información vigente, generando propuestas que conduzcan a un reparto equilibrado de los beneficios que aporta el conocimiento, patrimonio intangible universal de toda la especie[20].

Aunque, desde los años sesenta, existe una corriente internacional de bibliotecología progresista[21]que defiende una actitud consciente, activa y organizada en garantizar el acceso público a la información y la cultura, la libertad de expresión, el pensamiento crítico y el debate, la solidaridad con los grupos de personas de los márgenes, vulnerables y excluidas, explotadas y sometidas, y ha promovido la movilización y resistencia ante la globalización neoliberal que amenaza con la apropiación y privatización, cuando no con la destrucción, del patrimonio de saberes humanos y de las culturas no hegemónicas; las prácticas críticas dentro de los entornos bibliotecarios no están muy extendidas.

En la cultura bibliotecaria anglosajona se pueden encontrar colectivos organizados con varias décadas de activismo a sus espaldas, que defienden una visión crítica de la bibliotecología, como PLG (Progressive Librarians Guild)[22], o SRRT (Social Responsibilities Round Table of the American Library Association)[23] en Estados Unidos, y ISC (Information For Social Change)[24] o RLC (Radicals Librarians Collective)[25] en el Reino Unido. Las redes sociales están resultando una buena herramienta para discutir las perspectivas críticas de la práctica bibliotecaria, como Critlib[26] y su foro de discusión y su proyecto editorial Library Juice Press[27], o para visualizar iniciativas más personales como las de R. David Lankes[28] o Anna J. Clutterbuck-Cook en ‘The feminist librarian’[29].

En el norte de Europa hay colectivos con largo recorrido, entre los que destaca BiS (Bibliotek i Samhälle)[30] en Suecia, o grupos de trabajo informales que se han acabado constituyendo en asociación, como la Verein kritischer Bibliothekarinnen und Bibliothekare (KRIBIBI)[31] en Austria o Kritische Biliothek[32] en Alemania. O alguna otra, como la alemana Arbeitskreis kritischer BibliothekarInnen (Akribie) que se quedó por el camino (2011).

En América Latina ha habido una trayectoria irregular, con colectivos ya extintos como GESBI (Grupo de Estudios Sociales en Bibliotecología y Documentación) en Argentina, y CEBI (Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social) en México; y otros que han ido surgiendo en los últimos tiempos como G-BAIPI (Grupo Bibliotecario sobre Acceso a la Información y Propiedad Intelectual)[33] en Argentina, o Miau[34] un grupo de Telegram sobre edición libre y bibliotecología DIY desde México. En cualquier caso, Centroamérica y Sudamérica  poseen una buena mochila de experiencias en bibliotecología con compromiso social y comunitario esparcidas por todo el territorio.

La variedad de los colectivos hace que cada cual haya definido de forma diferente su foco de atención o posición respecto a la institucionalización de cada proyecto; hay quien parte de la libre asociación desde su condición de profesional en el ámbito bibliotecario, desde una estrecha relación con el mundo académico, o desde un activismo relacionado con la lucha social de un ámbito concreto: antimilitarismo/pacifismo, feminismo, LGTBIQ+, antirracismo, la propiedad intelectual,…).

En España, la bibliotecología crítica ha sido minoritaria, y al margen de actitudes individuales, prácticamente no se ha organizado alrededor de ningún colectivo. La Fundación Biblioteca Social[35] sería lo más parecido aunque sin llegar a ser un colectivo abierto, volcada en promover el valor social de la biblioteca pública se presenta como una institución para el apoyo de proyectos de calado social en bibliotecas. Tampoco se ha generado mucha bibliografía al respecto, aunque hay que destacar la obra colectiva De volcanes llena: biblioteca y compromiso social[36], que supone una brecha en el páramo de la bibliotecología crítica española proponiendo un completo volumen sobre el activismo y el compromiso social bibliotecario, que sin embargo no ha tenido relevo posterior ni actualización en la última década.

En general se asumen de forma acrítica las funciones de la biblioteca pública que proponen el Manifiesto IFLA/UNESCO sobre Biblioteca Pública de 1994 y las Directrices IFLA/UNESCO para el desarrollo del servicio de bibliotecas públicas de 2001, que no dejan de tomarse como declaración de intenciones. Desde la academia universitaria y los órganos directivos de las redes bibliotecarias se ha difundido y extendido la idea de la supuesta neutralidad del quehacer bibliotecario ante la información y la gestión de colecciones bibliográficas, ¿pero es posible ser neutral en un entorno que no lo es? Se toma partido tanto desde la acción como desde la inacción. Pedro López resume muy bien cuando dice “la autopresentación de tal ideología [la neoliberal] como objetiva, neutra, independiente, etc. lo que intenta es desactivar a sus críticos presentándolos como parciales, subjetivos, no profesionales, etc. Pues bien: hay que dejar claro que la supuesta neutralidad supone la aceptación acrítica de la ideología dominante, y ello supone una postura tan ideológica, tan política, como la de aquellos que la critican. Dicho de otra manera, Parenti sostiene que normalmente lo objetivo no refleja más que unanimidad de los prejuicios, o ‘el punto de vista dominante’ [37].

Inmersas en esa ideología dominante, que luce con orgullo esa pátina de democracia e igualdad de oportunidades para toda la población, a las facultades universitarias les cuesta romper con esa imagen de factoría de profesionales, con asumido sentido ‘objetivo, neutro, independiente’ para engrosar las huestes del mercado de trabajo. Los estudios de biblioteconomía se van difuminado en la gestión de la información orientada a entornos laborales y como valor estratégico de las organizaciones de corte neoliberal, sean indistintamente privadas o públicas. El uso compartido de los saberes y la memoria, la solidaridad y la cooperación, la pertenencia y la comunidad… van quebrando bajo la apisonadora del pensamiento mágico de la gestión de los productos y la mercadotecnia, el rendimiento y la rentabilidad, y la forja de lxs usuarixs como clientxs.

El movimiento sindical tampoco ha asumido el ideario de la bibliotecología crítica. Perdido en su lucha contra los molinos de viento con la que la Administración le entretiene y en los vericuetos de una burocracia cenagosa; sobrevive al abandono, la indiferencia y el individualismo del grueso de unas plantillas acomodadas y desmovilizadas. El sindicalismo en las bibliotecas se ha centrado en intentar arañar las exiguas mejoras laborales que permite el sistema, y ha renunciado a formular propuestas radicales integrales para la organización y la prestación de los servicios bibliotecarios, generando alianzas con las comunidades de usuarixs,

A pesar de ello, aún, se pueden encontrar algunos vestigios de bibliotecología crítica. Por un lado, una bibliotecología ‘progresista’, formada por profesionales que se sirven del cauce institucional para hacer de la biblioteca pública una herramienta que contrarreste las desigualdades económicas y culturales, una garantía para el acceso democrático a la información, con una opinión y actitud crítica ante las alianzas comerciales y neoliberales de la industria cultural, y con una especial sensibilidad para los conflictos y luchas sociales. Mezcla el activismo con lo profesional, y se deja ver en la formación de fondos especiales y en la programación de actividades de contenido social, que ayudan a la reflexión y el debate.

Por otro lado una bibliotecología radical, de tendencia libertaria, formada en buena medida por personas sin formación bibliotecaria pero con una fuerte conciencia ideológica y actividad militante, que se mueve en bibliotecas que quedan al margen de lo institucional, en ateneos libertarios o espacios okupados, incluso creando redes de bibliotecas[38]. Aunque el objetivo central es similar, en cuanto a que la cultura es herramienta de libertad, de desarrollo personal y cuestionamiento social, esta segunda se orienta más hacia la idea de la necesidad de autoformación como elemento de reflexión para la lucha social, introduciendo elementos de autogestión en la administración de la biblioteca, y eliminando fronteras entre la figura de quién gestiona la biblioteca y quién la usa.


[1] LÓPEZ, Helena (2020). ‘El Raval entra en fase de colapso’, en: El Periódico de Catalunya. 9/5/2020. https://amp.elperiodico.com/es/barcelona/20200509/el-raval-zona-cero-del-derrumbe-del-mito-barcelona-7954549

[2] COBO, David (2020). ‘Els barris pobres són els que han seguit utilitzant més el transport públic’ , en: TOTBarcelona. 10/5/2020. https://www.totbarcelona.cat/mobilitat/barris-pobres-seguit-utilitzant-transport-public-pandemia_2123303102.html

[3] SCHERER, Nicola; PÉREZ, Alfons (2020). ‘La Covid-19 y el rescate de las empresas del IBEX-35’, en: El Crític. 12/5/2020. https://www.elcritic.cat/opinio/la-covid-19-y-el-rescate-de-las-empresas-del-ibex-35-57042; PALÀ, Roger (2020). ‘El Goveren català paga 1,5 milions als grups hotelers per acollir pacients i sanitaris’, en: El Crític. 11/05/2020. https://www.elcritic.cat/investigacio/el-govern-catala-paga-15-milions-als-grups-hotelers-per-acollir-pacients-i-sanitaris-57157

[4] MINGUITO, Álvaro (2020). ‘Penalismo mágico en los tiempos del cólera’, en: El Salto. 5/5/2020. https://www.elsaltodiario.com/represion/opnion-penalismo-magico-tiempos-colera

[5] BOOKCHIN, Murray; BIEHL, Janet. Las políticas de la ecología social: municipalismo libertario. Barcelona: Virus editorial, 2009.

[6] CANDAME, Rita; CARSEN, Tatiana; MAYA, Oscar; VERA, Martín. ‘Responsabilidad y compromiso social de los profesionales de la información (bibliotecarios, documentalistas, archivistas): una visión latinoamericana’ en:  GIMENO, Javier; LÓPEZ, Pedro; MORILLO, María Jesús. De volcanes llena: biblioteca y compromiso social. Gijón: Trea, 2007.

[7] MENDOZA ARROYO, Carmen (2020). ‘Covid-19: Cómo gestionar la recuperación de las barriadas’, en: The Conversation, [mayo 2020]. https://theconversation.com/covid-19-como-gestionar-la-recuperacion-de-las-barriadas-138186

[8] Experiencia. Plan Comunitario de Roquetes (Barcelona), http://pcroquetes.blogspot.com/p/documentacio-del-pla.html

[9] Experiencia.Guifi.net: http://guifi.net/

[10] Experiencia. Millor Que Nou: https://blogs.amb.cat/millorquenou/ca/

[11] Experiencia. Espacio Autoedición Biblioteca Central José María Artero (Almería): https://bibliotecacentraljmartero.es/espacios/autoedicion/

[12] Recurso. ‘Como hacer una biblioteca humana’: http://laaventuradeaprender.intef.es/guias/proyectos-colaborativos/como-hacer-una-biblioteca-humana

[13] Experiencia. Radios libres: https://radioslibres.info/

[14] Recurso. ‘Cómo hacer una radio’: http://laaventuradeaprender.intef.es/guias/como-hacer-una-radio

[15] Experiencia. La Veïnal: https://www.laveinal.cat/ . LaMoscaTV: http://lamosca.tv/

[16] Experiencia. ‘Curs Cooperativisme i Economia Social i Solidària’ : https://ateneulabobila.org/2016/04/08/curs-cooperativisme-i-economia-social/

[17] Experiencia. Sindicat d’habitatge de Sant Andreu (Barcelona): https://sindicathabitatgesantandreu.wordpress.com/

[18] Experiencia. Bancos del tiempo en Barcelona: https://ajuntament.barcelona.cat/tempsicures/es/canal/els-bancs-del-temps-la-ciutat

[19] Experiencia. La Biblioteca de les Coses: https://calisidret.eixpereiv.org/2019/11/13/estrenem-projectes-la-biblioteca-de-les-coses/

[20] CIVALLERO, Edgardo (2006). ‘Barricadas entre los estantes. Posturas anarquistas dentro de la bibliotecología’ en: Astrolabio Nueva Época: Revista digital del Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, Núm. 2, 2006. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2195908

[21] Para una definición del concepto bibliotecología progresista consultad ROSENZWEIG, Mark. ‘Qué opinan los Bibliotecarios Progresistas: una perspectiva internacional’ en: Educación y Biblioteca. Año 13, núm. 123, mayo-junio de 2001. Pág. 54. https://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/108856/1/EB13_N123.pdf; y CIVALLERO, Edgardo (2013). ‘Aproximación a la bibliotecologia progresista’ en: El Profesional de la Información. Vol. 22, núm. 2, marzo-abril 2013. Pág. 155.  www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2013/marzo/10.pdf

[22]  PLG, Progressive Librarians Guild (www.progressivelibrariansguild.org)

[23] SRRT, Social Responsibilities Round Table of the ALA    (http://www.ala.org/rt/srrt)

[24] ISC, Information For Social Change (https://informationforsocialchange.wordpress.com)

[25] RLC, Radical Librarians Collective (https://rlc.radicallibrarianship.org)

[26] CritLib (http://critlib.org), y en concreto (https://tinyurl.com/y92mnan7)

[27] Library Juice Press (https://litwinbooks.com)

[28] R. David Lankes (https://davidlankes.org)

[29] The feminist librarian (https://thefeministlibrarian.com)

[30] BiS, Bibliotek i Samhälle (https://foreningenbis.com)

[31] KRIBIBI (https://www.kribibi.at)

[32] Kritsche Bibliothek (http://www.kribiblio.de)

[33] G-BAIPI, Grupo Bibliotecario sobre Acceso a la Información y Propiedad Intelectual (@GBaipi, en Twitter)

[34] Miau (t.me/miau2018, en Telegram)

[35] Fundación Biblioteca Social (https://fundacionbibliotecasocial.org)

[36] GIMENO PERELLÓ, Javier; LÓPEZ LÓPEZ, Pedro; MORILLO CALERO, María Jesús (coords.) (2007). De volcanes llena : biblioteca y compromiso social. Gijón: Trea, 2007

[37] LÓPEZ LÓPEZ, Pedro (2008). ‘El mito de la neutralidad en Biblioteconomía y Documentación’, en: Educación y Biblioteca, núm.  166, julio/agosto 2008, págs. 62-68. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2685703

[38] Un ejemplo es la Xarxa de Biblioteques Socials (Red de Bibliotecas Sociales): http://cataleg.xarxabibliosocials.org/portal/

Otra bibliografía utilizada

GARCÍA, Enrique César (2019). ‘Herramientas libres para editores todavía incorruptibles’, en: Editar para la (des)memoria. Ejercicios analógicos y digitales para co-romper la biblioteca. Madrid: [Autoedición], 2019. http://www.muskiz-liburutegia.org/atasque/atasque.pdf

JARAMILLO, Orlanda (2010). ‘La biblioteca pública, un lugar para la formación ciudadana. Referentes metodolóogicos del proceso de investigación’ en: Revista Interamericana de Bibliotecología, Vol. 33, Núm. 2, Jul-Dic, 2010. Págs. 287-313. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4291221

KAGAN, Al (2018). ‘Progressive Library Organizations. Update, 2013–2017’ en: Journal of Radical Librarianship, Vol. 4 (2018) pp.20–52. https://journal.radicallibrarianship.org/index.php/journal/article/view/27/38

SCHÜTTE GONZÁLEZ, Daniela (2019). ‘Hackear las bibliotecas’, en: Serie Bibliotecología y Gestión de Información, Núm. 109, Agosto 2019. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7085797

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